Mataron a “Don Maca”

ANTES DE QUE SU NOMBRE FUESE DE DOMINIO PUBLICO, MACARIO BRIONES MENÉNDEZ SE HABÍA CONSTRUIDO FAMA DE HOMBRE DURO, MALO, SANGUINARIO E INFALIBLE. ENTRÓ A LA UNIVERSIDAD TÉCNICA DE MANABÍ PARA FORMAR UNA FUERZA DE CHOQUE Y MÁS TEMPRANO QUE TARDE FUE GANANDO PODER Y AUTORIDAD. CON LOS AÑOS SU FAMA DELINCUENCIAL CRECIÓ Y ÉL TRATÓ DE COMBATIRLA CON OBRAS SOCIALES EN COMUNIDADES RURALES. MACARIO SE DECÍA ADMIRADOR DEL CHÉ GUEVARA Y DE NAUN BRIONES, SE DECÍA REVOLUCIONARIO MODERNO. MEDIO MANABÍ LO CONOCÍA COMO EL ROBIN HOOD CRIOLLO, LA OTRA MITAD COMO UN MATÓN, A SECAS.

Portoviejo, febrero de 1985. El asesino entró a la Universidad Técnica de Manabí tranquilo, como un estudiante más. Corpulento, uno sesenta y cinco de estatura, pelo corto, camisa celeste, maletín, y revólver en el cinto. Nadie lo revisó. A nadie se le ocurrió requisarlo. Raro. Por esos días cualquier rostro desconocido en los predios universitarios era, cuando menos, sujeto de interrogación y, cuando mas, objeto de tortura. Eran los tiempos de “El Profe”, también conocido como “Don Maca” y legalmente inscrito como Macario Briones Menéndez. Tiempos violentos. Aun así, el homicida atravesó los jardines, la Facultad de Ciencias Matemáticas y se detuvo frente al edificio donde se impartían clases de filosofía. Allí estaba Macario contemplando su nuevo vehículo. En rigor, el vehículo no era nuevo, había sido prácticamente reconstruido por sus mecánicos personales. Campero cuadrado marca Nissan, tres puertas, en el capot un Che Guevara con boina y en el guardafangos una especie de identificación: Programa de Desarrollo Comunitario. Quedó lindo, dijo El Profe antes de recibir el primer disparo, que le impactó en el codo, inmovilizándolo. Fueron tres descargas, la segunda hizo un orificio en la puerta del jeep y la otra explotó en el pecho de la víctima. Los tiros se realizaron a seis metros de distancia. Luego, el verdugo reculó, se alejó de la escena y se subió a una motocicleta. Macario Briones dio su último suspiro cerca de los neumáticos.

Semanas antes, Francisco Gutiérrez, primer comandante del Grupo de Caballería Mecanizado “Tnte. Hugo Ortiz”, había hecho, entre otras, las siguientes declaraciones a la prensa: “No entiendo cuán conveniente es que un desalmado delincuente como Briones se encuentre refugiado en los predios universitarios, distribuyendo terror mediante sus actividades nefastas, encuadradas en la extorsión, el robo, las violaciones, el chantaje, el asesinato… Estamos seguros de que todos los alimentos que pueda distribuir, todas las “buenas” acciones que intenta efectuar, no podrán pagar ni uno solo de los crímenes que ha cometido y que dejaron en la orfandad a decenas de niños.. El llamado lo hago para destruir el sistema de degradación moral que alrededor del delincuente se ha formado.’ Gutiérrez había puesto la mira en los crímenes cometidos por seudo dirigentes universitarios y Briones lo había acusado de no respetar su condición de ex soldado y sargento en reserva. El teniente coronel estaba furioso. Entonces, las cosas empeoraron. Cinco días después de que Gutiérrez hablara públicamente, la ciudad presenció una marcha multitudinaria a favor de la Universidad y por primera vez, se escuchó el grito, “Macario, amigo, el pueblo esta contigo!” Briones era un problema oficial, una amenaza incipiente, había pasado de simple matón a líder de comunidades marginales. El peligro recién empezaba.

Macario Briones entró a la universidad en 1977 para formar parte de una fuerza de choque, es decir, para guardar las espaldas de quienes optaban por la dirigencia de la FEUE (Federación Ecuatoriana de Estudiantes Universitarios) filial Manabí, A finales de aquel año, asesinaron a Jorge Jalil Ballesteros, quien ocupaba la presidencia de la Federación y buscaba la reelección. El crimen nunca fue esclarecido. Las balaceras entre los bandos políticamente contrarios, que irónicamente eran el MDU (Movimiento Democrático Universitario) y el MDUI (agréguese Independiente) se daban a diario y la inestabilidad era la regla. Sin embargo, no había rostros ni manos empuñando el cañón, hasta que un hecho lo cambió todo. Al año siguiente, a plena luz del día, dentro de la Universidad y ante la mirada de varios testigos, Briones hizo fuego contra quien fuera uno de sus cuñados. Macario sabía que ese hombre era un marido infiel y abusivo que golpeaba a su hermana. Ese arranque de rabia lo signó como tipo duro. Seguramente las circunstancias provocaron conclusiones apresuradas y equivocadas, pero la primera impresión es la que cuenta. Briones subió un peldaño en la escala, un peldaño que de otra manera le habría tomado años, y el rumor se esparció: cuidado, al recién llegado no le tiembla la mano.

En este punto Don Maca tiene una epifanía, una extensión del olfato. Se da cuenta de que lo habían llevado como empleado y de que sus empleadores le estaban escondiendo gran parte del botín que él les estaba ayudando a conseguir. Aquí la historia se bifurca, crece el mito y la verdad se convierte en una serie de posibilidades.

La universidad era autónoma, impenetrable, el escondite perfecto. Macario la transformó en su fortín, hizo lo correcto según sus propósitos y se protegió de la mejor manera que pudo. Con esto empezaron las acusaciones. En teoría, Briones enlistó a un pequeño séquito armado, como si se tratase de estudiantes comunes y corrientes; estudiantes que, obviamente, nunca iban a clases y nunca recibían amonestaciones por sus faltas, En teoría, El Profe empezó a vender protección, primero a los profesores, luego a las autoridades y finalmente a civiles que nada tenían que ver con el ambiente universitario. Don Maca empezó a cobrar por ser Don Maca. Además, se juntó con los débiles. Por ejemplo, si veía que un estudiante ignoraba aun niño que vendía helados, le sugería amablemente que le comprara todos, y digamos que el estudiante consideraba prudente acatar la sugerencia al pie de la letra, Por ejemplo, su mandadero personal era un vendedor de naranjas que, a cambio de que Macario comprase la canasta entera, aceptaba caminar unas cuadras y traerle botellas de agua con gas. Ese también era Briones, el mismo Briones que luego reconoció tener una banda de robacarros que escondía los autos en los patios de la Universidad; el mismo Briones que tenía como mano derecha a otro de los más oscuros personajes de la historia manabita: Ángel “Cartucho” García.

García era acaso más temperamental y violento que el mismo Macario. De hecho fue Don Maca quien, tras años de tenerlo como primer oficial, lo expulsó de Portoviejo. Al parecer, García no estaba del todo contento con su rango y se le iba la mano constantemente, Después de todo, vivían encerrados la mayor parte del tiempo y se distraían usando drogas, alcohol y mujeres. Una versión es que la separación se dio cuando García quiso ejecutar planes de secuestro, que Briones se negó a poner en marcha. Otra, que García violó a una de las amigas de Don Maca. Lo cierto es que Cartucho se refugió en Manta y cometió el error de hacerse famoso.

En una carta dirigida al director de Radio Cristal, Aunando Romero Rodas, hizo una confesión que lo enterró: “Sí maté al periodista Héctor Toscano. Lo hice porque yo se lo advertí. Le dije que no se metiera conmigo, publicando lo que él no había comprobado (…) me dijo que él no me tenía miedo y ya ven lo que pasó: se fue a hacerle reportajes a Don Sata”. Toscano era uno de los pocos reporteros que lo señalaba con nombre y apellido. En la misma carta, García acusa a Briones de criminal, de violador, de drogadicto y de recibir cheques del entonces rector de la UTM; llega a decir: “Ahora quiere lavarse las manos pues sabe que la justicia tiene puestos los ojos en mi persona, quiere tirarme todos los muertos a mi”. Y Briones, en una movida inteligente aunque algo ingenua, responde sin ponerse a su nivel: “Me llaman el maestro de Cartucho (…) trató que lo acompañara en sus andanzas, pero eso era imposible (…) yo personalmente lo boté, no se lo mandé a decir con nadie (…) si fuera hombre de verdad allí mismo hubiera actuado, pero no lo hizo, porque sabe la rapidez de mi mano (…) Mi pasado quedó atrás hace mucho tiempo(…) quiero demostrarle a mis familiares que estoy dedicado a realizar buenas acciones a favor de los pobres, de los campesinos, de los niños que fueron como yo, y que por algún error pueden verse envueltos en la vida delictiva”. Cartucho murió abaleado en un operativo policial el mismo día en que apareció la carta de Macario, el 14 de enero de 1984. Dormía desnudo, la casa era de una planta y estaba ubicada en el sitio El Arroyo, a ocho kilómetros del puerto, en la carretera que conduce hacia Portoviejo. Acababa de hacer el amor con una mujer llamada Aracelly.

En la campaña por limpiar su nombre, Don Maca hizo mención sobre su infancia a los medios de comunicación. “Según sus propias expresiones, fue producto de utia niñez llena de pobreza e incomprensiones. Reconoció que encontró en el delito una manera de vivir y de sobrevivir luego” (Diario Manabita 12/02/85). Sus vecinos de la época lo comparan con “Daniel el travieso”, dicen que siempre era el cabecilla de las travesuras y que jugaba muy bien al fútbol, ciertamente era de origen humilde, oriundo de la capital de los manabitas, pasó sus primeros años en el barrio San Pablo (hasta hoy la jurisdicción más polémica de Portoviejo), su padre trabajaba en el campo y no lo dejaba dormir en la casa si no aparecía antes de las nueve de la noche (el chico dormía en el auto de los Hernández, los vecinos de enfrente). En la adolescencia se le acusó de un homicidio, que sigue en el misterio. Partió para el Guayas y tras varios ‘actos de supervivencia” en la vida delictiva, cayó en la Penitenciaría del Litoral. Pero no estuvo encerrado mucho tiempo, logró fugarse y, esto es tal cual cuenta la leyenda, mientras se escapaba recibió un balazo en uno de sus glúteos. Se las arregló para esconderse de los vigilantes y fue rescatado por una familia de una comunidad rural, Ellos lo curaron, le dieron techo, pan, y Macario les devolvió e) favor enseñando a leer a los niños del poblado; de ahí, según la tradición oral, viene el apodo de El Profe.

La duda se mantiene. En el presente, por lo menos en Portoviejo, Don Maca es uno de esos temas que no se tocan, sobre todo en la mesa. Es un fantasma con el que todos estuvieron conectados de alguna forma, eso que preferimos no recordar. Lo más fácil, siempre, es atacar. Y quienes lo embisten no guardan reparo al asegurar que durante mucho tiempo vivió de la Universidad, de la extorsión, del miedo, del tráfico y del consumo de drogas. Tal vez esto no haga falta. El Profe nunca negó sus malos pasos, pero, pensándolo dos veces, tampoco tos describió con exactitud. Dicen que una noche fue a ver al cantante Coco (Cuco) Valoy y que cuando éste se negó a repetir la canción “Juliana” armó relajo y acabó secuestrando a un policía al que torturó hasta la muerte, Dicen que hay cuerpos entenados en la UTM y que por las noches se escuchan cosas raras. Nada de esto fue asumido por Briones. Pero él descubrió algo importante: la guerra estaba tan avanzada que de nada servía disparar más cañones. Intentó integrarse a la sociedad con sus obras de caridad, y se dice que esas jornadas de buena voluntad fueron patrocinadas por la amenaza, que bastaba con que él enviara una lista de lo que quería acompañada de su cédula de identidad y una bala. Macario pudo haber pensado que con el tiempo, y con el apoyo de la gente a la que ayudaba, podría conseguir la absolución de la historia. Macario pudo haber pensado que el verdadero poder y el verdadero dinero estaban en la política y que para eso tenía que colgar los guantes y afilar los dientes. Macario Briones Menéndez pensó, pero demasiado tarde.

La bala con que mataron a El Profe era una dum-dum calibre 38. Esta raza de proyectil tiene una pequeña perforación en la cresta, o sea que cuando impacta no se va de largo, se queda y te revienta los cogollos. La autopsia estableció que la munición penetró por la cara anterior del esternón, en el tercio medio, lesionándole la aurícula derecha y saliéndole por la aurícula izquierda. La dumu-dum también penetró por la cara interna del lóbulo superior del pulmón izquierdo, saliendo por el tercio inferior del mismo lóbulo. Quien hizo el disparo era, o es todavía, un profesional. Macario Briones tenía cuarenta años, pelo castaño, media uno setenta y cinco, usaba barba y bigote, pero cambiaba de estilo con frecuencia, por motivos de seguridad.

Por Juan Fernando Andrade

Reproducido de Revista Mundo Diners, Mayo de 2007. Pag. 43-46.

ALIANZA POR LA CULTURA JIPIJAPENSE

Desde el 10 de agosto de 2.018 jipijapa.org y la Organización Sociocultural Kaan Hi nos hemos unido para por este medio continuar compartiendo contenido cultural relativo a nuestra querida Sultana del Café.

Les damos la más calurosa bienvenida ya que en común tenemos el deseo de aportar mediante la difusión cultural para que nuestra ciudad tenga mejores días.

CRONICAS DE JIPIJAPA – Guerrita

Cromos Guerrita

Cuando niño, en los 80, me dio por dedicarme a llenar el álbum de cromos Héroes de la Patria. Recuerdo el frenesí que se armaba en el recreo o en la puerta de salida de la García Moreno por el cambio de cromos como si uno estuviera en Wall Street.

Sabíamos que las nuevas series de cromos, el álbum, y toda la parafernalia que lo acompañaba se podían conseguir en un solo lugar de Jipijapa: Donde Guerrita.

Olmedo Guerra, “Guerrita”, era propietario de una tienda en la calle Bolívar cuyo capital principal era una refrigeradora para negocio en la cual ofrecía colas, hielo y bolos. Además contaba con una línea de golosinas como caramelos, chupetes, etc. También los clásicos troliches y colaciones siempre en exhibición en frascos de vidrio sobre su mostrador de madera.

Empresario como él era, fuera de su negocio situaba un tablero en donde alquilaba revistas sujetadas con piolas. Acompañado esto por los respectivos bancos largos de madera para sentarse a leer las susodichas revistas. Allí los clientes podían enterarse de las ultimas aventuras de Kaliman, Batman y Supermán. Así como de las graciosas ocurrencias de Memín Pinguin.

Este emelecsista empedernido colgaba en las paredes los posters de los mejores equipos del bombillo de esos tiempos, también disfrutaba del juego de naipes con los amigos en las tardes tranquilas.

Pero esto era cuando no era época de álbumes y cromos. Y es que Guerrita era el representante en Jipijapa de las empresas que publicaban los álbumes. A él le llegaban los paquetes de cromos así como las camisetas, pelotas, bicicletas y mas promocionales y premios del álbum de moda. Estos premios se otorgaban comúnmente a las personas que lograban llenar los álbumes y además los habían sellado donde el representante.

Entonces, cuando mas se acercaba la fecha de cierre de las ventas de cromos, y por consiguiente el sorteo entre los audaces que lograron llenar el álbum, el frenesí de Wall Street del patio de todas las escuelas se trasladaba a la tienda de Guerrita. Cosa que evidentemente lo desconcertaba, por lo que le hacía perder la cuenta de los paquetes de cromos. Creo que por esto trataba de asegurar sus números contando: Uno, uno… Dos , dos… Tres, tres… y repitiendo cuantas veces lo hacían sentir seguro para desesperación de los muchachos que querían asegurarse el cromo difícil del piloto de combate. Al final, tal como en la bolsa de valores, quedaba una secuela de sobres y cromos tirados en el suelo en las afueras de su tienda.

Guerrita murió cuando yo vivía en Jipijapa, hace mas o menos diez años. Lo conocí ya viejo, bajo. Canoso, medio calvo. Sobre su boca a la que le faltaban algunos dientes, un bigote ralo sin cortar. Cuando contaba los cromos recuerdo que levantaba sus labios en una especie de duckface. Que lastima que no existían los teléfonos con cámara…

 

Gracias a Melquiades Muñoz Menendez por su ayuda con esta historia.

CRONICAS DE JIPIJAPA – Matanena

 brujo

 

Rondaba principalmente por las calles centrales del pacifico Jipijapa de los 80s. Quizá desde cuando llegó?. Lo sé porque mi padre acostumbraba en su almacén a cambiarle monedas que conseguía de la caridad, por billetes, que sin duda le resultaban mas fáciles de cargar.

Ese suelto. Los viejos sucres. Que en realidad, mi padre, aparte de cambiarle solía aumentarle unas pocas monedas y siempre, o casi siempre, era la escusa de una larga conversación.

Era el Brujo. Matanena, Come Ratas, como los pequeños y no tan pequeños pícaros acostumbraban a gritarle. A veces se defendía con piedras o trozos de cemento, otras con un palo. Era un hombre bajo. Cara redonda, arrugada. Las cataratas trataban de ocultar unos ojos claros, mantenía una barba media ya blanca como el pelo hasta que a alguna persona caritativa se le ocurría cortárselos. A rape. Como todo loco que se respeta…

Se hacía llamar Aparicio Armijos mi padre suponía que era lojano. Por su acento, definitivamente serrano. Por sus historias. Hablaba de que venía de un sitio llamado “Cangüamaná”(Gonzanamá?), manifestaba su odio hacia los peruanos que pretendieron invadir su tierra, así como también odiaba a ciertos caballeros de la ciudad que en algunos casos ya habían muerto y a quienes confundía con sus descendientes.

Así como odiaba a los peruanos, gustaba de las mujeres. Pero no cualquiera, tenían que ser “pimellitas”(Jóvenes? Jovencitas?).

Se vestía supongo que de lo que le regalaban. Las bastas de su pantalón siempre dobladas amarradas con piolas como en un estilo militar(?). Tengo la impresión de que muchas veces calzaba botas, claro, viejas. A este atuendo acompañaba un saquillo de nylon cruzado por su torso a manera de como las indígenas llevan a sus bebés. De este sacaba un arsenal de monedas envueltas en fundas de plástico, billetes, de la misma forma, un surtido de piolas, trozos de papel de empaque y periódicos. Y a veces supongo que comida.

Pero lo que más llamaba la atención era que llevaba siempre un bastón. En realidad un palo, que mas que servirle de apoyo pienso que le servía de báculo. El decía que su bastón estaba “curado”. En realidad una vez, sin querer, pateé su codo y con un movimiento de su bastón y un gesto de persignar con su mano “maldijo” mi pie que lo golpeo. Gracias que todavía lo tengo, aunque una vez me fracturé esa rodilla. Tal vez de aquí se origina lo de “Brujo”.

No sé cuantos años merodeo por Jipijapa. Recuerdo que varias veces lo recogieron para llevarlo de la bodega en que dormía alimentándose de ratones, decían, hacia algún hospicio de buena voluntad. Pero siempre se las ingeniaba para regresar. Aún no entiendo el afecto que le tenía mi padre. Suficiente para motivar a un hombre a pararnos un día por la calle para decirnos que el “Brujo “se estaba muriendo. Y así, sin más, pienso que murió rodeado de la caridad característica de los jipijapenses. Quiero pensar que murió en paz. No recuerdo si estuvo enfermo, si fue rápido. Pero espero que esté en un lugar de tranquilidad en donde nadie quiera invadir su tierra, rodeado de “pimellitas” y más que nada, donde nadie le grite Matanena…

EL GREÑOSO

Foto: Gloria Santana http://platostipicosgloria.blogspot.com/2014/06/blog-post.html
Foto: Gloria Santana
http://platostipicosgloria.blogspot.com/2014/06/blog-post.html

El difunto era un buen amigo mío. Siempre me cayó bien y esa simpatía fue mutua. Eso de que no lo tragaban los gavilanes no tiene importancia, él cumplía una misión y eso basta, y la supo cumplir.

– ¿De qué misión habla usted Don Sixto?

– La de legalizar el grupo de las ratas en el poder.

– No entiendo, ¿dice usted ratas?

– Así es, por muchos años llevé la secretaría del Concejo y mis dedos hicieron y deshicieron un sin fin de actas de posesión. Para ese entonces la rivalidad política había crecido tanto que nuestro Jipijapa era una especie de Oeste Americano; cual más o cual menos andaba armado, a veces en el silencio de la noche la balacera nos despertaba y siempre nos preguntábamos qué grupo estará mañana en la silla presidencial. El grupo de los gavilanes volaban mas alto, decían que eran estudiantes, habían logrado salir de los linderos del cantón y eran jóvenes; y los otros, por astutos y viejos, eran las ratas. Lo cierto es que (con el perdón de mi compadre) ambos grupos hicieron su Agosto.

– ¿Y el gobierno no hacía nada por solucionar esa Crisis?

-Claro, los gobiernos de turno enviaban funcionarios a fin de dar legalidad a uno de los bandos; pero éstos, ni bien se iban, volvían a sus andadas y defenestraban a quienes habían sido legalizados. A esto fue que vino el difunto y terminó quedándose aquí.

-Se acuerda, Don Sixto, lo ingenuo que era.

-Claro, cómo no me voy a recordar. En una ocasión lo invitamos a un velorio. Al principio él se negó aduciendo un montón de razones, pero logramos convencerlo diciéndole que se perdería la oportunidad de conocer el greñoso de las niñas Baque. Al escuchar la palabra greñoso, nos preguntó que qué era eso. Con un guiño de ojo nos pusimos de acuerdo en no decirle nada.

-Es que la palabrita siempre ha provocado un doble sentido. La asocian con todo menos con una comida.

-La curiosidad pudo más en él y terminó acompañandonos al velorio de la Virgen de Agua Santa en casa de las niñas Baque.

Esa noche nos reunimos como unas cincuenta personas y como de costumbre los más allegados nos ubicamos juntos y entre conversa y conversa nos servíamos unas copitas de un aguardiente añejado con hojas de higo; nuestro convidado miraba el reloj y no disimulaba su curiosidad, a cada momento nos preguntaba por el greñoso, nosotros le pedíamos paciencia; lo malo que el trago hizo su efecto y cuando pasó cerca nuestra una de las niñas Baque, agarrándola de la mano la obligó a sentarse junto a él y un tanto zalamero le pidió que le mostrara su greñoso; ella lo miró asustada y llamó a su hermana. Cuando Carmelita estuvo entre nosotros preguntó qué pasaba y él le dijo que lo que quería era conocer el greñoso de ellas. Carmelita, muy educada, le dijo que esperara y pasados unos minutos apareció con una bandeja donde lucían unos platos con greñoso. Muy avergonzado pidió mil disculpas y me reclamó por no haberle dicho lo que era el greñoso. La verdad es que no sólo comió greñoso sino que terminó casándose con Carmelita.

-El greñoso es como un hechizo.

-¿Por qué?

-Nuestras abuelas decían que quien come greñoso en Jipijapa se queda a vivir aquí.

-Será un decir.

-No, a muchos les ha pasado igual y los que no se quedan, de alguna manera terminan ligándose con nuestra gente.

-Qué más sabe del greñoso Don Sixto?

-Es un plato propio de esta zona.

-Yo he tenido la oportunidad de estar en muchos lugares de Manabí y en ninguna parte he comido el greñoso. ¿Sólo se hace aquí?

-No sé si me equivoque, pero creo que este plato se preparaba ya en los tiempos de nuestros aborígenes. Benzoni, en la Historia del Nuevo Mundo, relata que por los años 1543 estando él en la zona de Manta-Portoviejo y pueblos adentros, pudo saborear unas tortillas de maíz; además, dice que estos indios sabían combinar bien el maíz con otros ingredientes y que era uno de los alimentos básicos. Es probable que ya se preparara por ese entonces el greñoso.

-Si, pero talvez allí se utilizaría carne de venado o guanta y no de res, puerco o gallina como lo hace hoy en día.

-Hay algo más que puede afirmar esto. En mi casa tengo unas dos piedras de moler que encontré cuando hice excavar para construir el aljibe; que son de la cultura manteña me dijo mi hijo, tienen forma rectangular y son medio acanaladas en la parte central la mano de moler es grande, capaz de poder asirla con las dos manos. Mi mujer no las cambia por nada, el prefiere moler los aliños y el maní con estas piedra.

-Lo que dice es cierto, Don Sixto y no sólo usted tiene estas piedras, por este sector muchos las tienen sus casas.

-Además, esta zona es apta para el cultivo de es plantas de ciclo corto, se da muy bien el maíz y el maní y su cultivo data de tiempos muy remotos por eso no es de asombrarse de la gran variedad alimentos derivados de estos dos productos.

-¿Como cuáles?

-La salprieta, los corviches, las tortillas, las empanadas, el greñoso, la natilla -dijo Don Sixto- para luego inquirir: ¿Ha comido el greñoso?

-Sí, pero me gustaría aprender a prepararlo.

-No hay ningún problema llamamos a Matilde para que le dé la receta y desde ya queda invitado a servirse greñoso en mi casa.

Una vez que hubo llegado doña Matilde, Don Sixto le pidió de manera especial que me enseñara la forma de elaborar el greñoso. Ella no se hizo de rogar y procedió a indicarme:

-El greñoso es un plato que requiere en primer lugar su tiempito y de por lo menos dos personas, una sola no puede hacerlo, es muy fatigoso el trabajo. La noche anterior hay que hervir el maíz unos cuantos minutos; se lo saca y se lo pone a escurrir, por la mañana se procede a rallarlo y luego esa masa se muele; antes se hacía en una piedra, ahora se lo realiza en los molinos. La otra persona deberá tostar el maní y molerlo. Para que el greñoso quede rico es conveniente poner la misma cantidad de maní y de maíz. En una olla de barro se pone agua, la cantidad debe estar de acuerdo con el maíz, por seis pares de maíz un litro de agua; en esta agua se coloca tas especerías: comino, ajo molido, orégano, pimienta, achiote; una vez que hierve el agua se agrega La carne previamente aliñada; si la carne es de res hay que tener cuidado que sea salón, que es la apropiada para esto ya que permite deshilacharla; sí es de gallina se la hierve, si es criolla mejor. La cantidad de carne depende de la cantidad de greñoso que se haga. Cuando está blanda la carne se la saca en una bandeja y se procede a disolver el maní y la masa de maíz, se coloca en el caldo y se mueve constantemente a fin de evitar que se pegue; vale usar una cuchara de madera o una latilla de caña. Ya la carne fría, se deshilacha, y calculando que está el preparado se pone a hervir nuevamente.

-¿Cómo se sabe que ya está?

-Cuando uno alza la latilla y al caer la preparación forma como una cortina. Entonces se pone en bandejas a enfriar. Se acostumbra adornar el plato con cebolla picada hecha salsa, pasas y huevos duros.

-No es tan difícil.

-Pero es laborioso.

Me despedí de Don Sixto y de Doña Matilde, no sin antes asegurarles que vendría el Sábado a comer el greñoso en su casa.

 

Libertad Regalado
El Libro de los Abuelos
Pag. 88