Mas que una historia de amor

Flores

 

Con gran agrado acabo de leer la crónica de Juan Fernando Andrade en la revista Mundo Diners “El amor espera”. Lo que al principio me pareció un cambio en el estilo de escribir de Andrade cual comencé a leer entusiasmado tan solo por el aprecio al trabajo del escritor, se convirtió en un relato envolvente que me transporto mediante cada letra leída a mi querido Jipijapa.

Crecí en Jipijapa, Salí un tiempo y volví para formar mi familia por diez años después de los cuales volví a salir… Sin embargo que el relato de Andrade no se sitúa precisamente en Jipijapa sino en “un valle al sur de Manabí” que puede ser casi cualquiera de los acogedores pueblos de esta región… Sucre, Noboa, Paján, Pedro Pablo Gomes, Guale.  Creo que cualquiera que lleve en su corazón a cualquiera de ellos se sentirá identificado y agradecido, como yo, con la excelente narración.

Y me parece lógico que empiece citando a Gabriel García Márquez ya que aquí se cumple el dicho que dice que            ”Macondo es cualquier pueblo de Latinoamérica”… Esta narración es básicamente macondina.  Tal como en Macondo se dio el frenesí bananero, en este pueblo manabita se vivió la bonanza del café. Ese romance de los pueblos del sur tan bien descrito por el autor que poniendo el dedo en la llaga nos hace lamentarnos de no haber nacido antes para probar de las mieles de la abundancia. Más bien, en mi caso, haber sido testigo del naufragio de un pasado luminoso. Pasado “de un pueblo rico y feliz que no existe más” escribe. Del que ahora solo nos nutrimos con historias que se van acabando poco a poco a medida que desaparecen los que las vivieron.

Enmarcada en esta maravillosa descripción de nuestro imaginario sur manabita se desenvuelve una historia de amor “manabita”(Sic)… Si, una historia de amor fuerte, valiente, arrojada, eterna y esperanzadora que bien pudo haber salido de las páginas de otra gran obra de Gabo: “El amor en los tiempos del cólera”. Dos almas que teniendo que enfrentar todo lo negativo que tuvo la época de oro, llamase machismo, paternalismo y curuchupismo supieron atesorar su amor a través del tiempo y ofrecérselo al otro, ya maduro, a pesar de que las convenciones sociales estaban todas en su contra.

Aprecio también el uso del lenguaje en los diálogos, sintiéndolo familiar, propio. En la historia, Lucas ”El monito” Alvares se presenta como un hombre de pocas palabras, pero cuando las dice son razonadas, precisas y significan más que si hubiese hablado por horas. Su amada Esperanza Marino en cambio se lee descriptiva, coloquial, intima. Se siente su resignación a estar al lado de un hombre que la maltrata en todos los sentidos en que se puede maltratar a una mujer. Se siente su hastió y su determinación de terminar con una relación que la dañaba y sin embargo dentro de ella algo se lo impedía. Había aprendido incluso a tomar precauciones para que su pareja no la deje fuera de su propia casa en una especie de adaptación a una vida de dolor, imposible de cambiar.

 

Una historia como esta no puede tener otro origen que en la realidad, más bien en las realidades del corazón. Por esto Andrade afirma que cambia nombres y lugares a pedido de los involucrados dando a entender que su historia tiene una fuente. Pero qué más da. Si una buena narración hay que apreciarla por lo que es. Para mi es suficiente que me haya transportado mediante sus palabras a mi tierra querida como que escuché a sus hombres admirables y a sus mujeres agradables con “una risa que hace temblar la tierra”. Que más da de dónde sacó el autor la inspiración para su crónica, si en cualquiera de estos pueblos identificados con el romance del café existen varones suficientemente hombres para conservar un sentimiento y después confesarlo. Y mujeres suficientemente hembras para dejar atrás un infierno y seguir con su vida. Que más da, si es como que una adolecente desee que existan Romeo y Julieta, como si se quisiese que existieran los Buendía de Macondo. O Fermina Daza y Juvenal Urvino.

 

Los invito pues, a acompañarme a disfrutar de esta crónica, a felicitar a Juan Fernando Andrade por su sensibilidad que con palabras crea sentimientos y recuerdos. Y a luchar como sur manabitas para que nuestros pueblos dejen de ser un cofre de historias del pasado y se transformen en generadores de oportunidades para el futuro.

CLG

http://www.revistamundodiners.com/?p=5073

1 Comentarios

  1. Honorato Vasquez

    | Responder

    Sin duda alguna es una historia que transporta, en nuestro caso y como bien dices al Manabi que se va diluyendo en el tiempo pero que está muy presente en quienes vivimos ahí nuestra infancia.
    Qué bien por el autor por traer una narración tan bien articulada y con un romanticismo único.
    Espero que jóvenes la lean y aprendan de lo profundo y bello del romance de la misma y el mensaje claro: “las cosas buenas llegan a quien sabe esperar” porque que a veces me asusta ahora como padre el pensar que ya no existe, porque en tiempos actuales en que la información y la tecnología avanzan tan rápido veo como las nuevas generaciones intentan adaptar esa velocidad al romanticismo teniendo consecuencias a veces no esperadas.

    Gracias por compartirla.

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