Mataron a “Don Maca”

ANTES DE QUE SU NOMBRE FUESE DE DOMINIO PUBLICO, MACARIO BRIONES MENÉNDEZ SE HABÍA CONSTRUIDO FAMA DE HOMBRE DURO, MALO, SANGUINARIO E INFALIBLE. ENTRÓ A LA UNIVERSIDAD TÉCNICA DE MANABÍ PARA FORMAR UNA FUERZA DE CHOQUE Y MÁS TEMPRANO QUE TARDE FUE GANANDO PODER Y AUTORIDAD. CON LOS AÑOS SU FAMA DELINCUENCIAL CRECIÓ Y ÉL TRATÓ DE COMBATIRLA CON OBRAS SOCIALES EN COMUNIDADES RURALES. MACARIO SE DECÍA ADMIRADOR DEL CHÉ GUEVARA Y DE NAUN BRIONES, SE DECÍA REVOLUCIONARIO MODERNO. MEDIO MANABÍ LO CONOCÍA COMO EL ROBIN HOOD CRIOLLO, LA OTRA MITAD COMO UN MATÓN, A SECAS.

Portoviejo, febrero de 1985. El asesino entró a la Universidad Técnica de Manabí tranquilo, como un estudiante más. Corpulento, uno sesenta y cinco de estatura, pelo corto, camisa celeste, maletín, y revólver en el cinto. Nadie lo revisó. A nadie se le ocurrió requisarlo. Raro. Por esos días cualquier rostro desconocido en los predios universitarios era, cuando menos, sujeto de interrogación y, cuando mas, objeto de tortura. Eran los tiempos de “El Profe”, también conocido como “Don Maca” y legalmente inscrito como Macario Briones Menéndez. Tiempos violentos. Aun así, el homicida atravesó los jardines, la Facultad de Ciencias Matemáticas y se detuvo frente al edificio donde se impartían clases de filosofía. Allí estaba Macario contemplando su nuevo vehículo. En rigor, el vehículo no era nuevo, había sido prácticamente reconstruido por sus mecánicos personales. Campero cuadrado marca Nissan, tres puertas, en el capot un Che Guevara con boina y en el guardafangos una especie de identificación: Programa de Desarrollo Comunitario. Quedó lindo, dijo El Profe antes de recibir el primer disparo, que le impactó en el codo, inmovilizándolo. Fueron tres descargas, la segunda hizo un orificio en la puerta del jeep y la otra explotó en el pecho de la víctima. Los tiros se realizaron a seis metros de distancia. Luego, el verdugo reculó, se alejó de la escena y se subió a una motocicleta. Macario Briones dio su último suspiro cerca de los neumáticos.

Semanas antes, Francisco Gutiérrez, primer comandante del Grupo de Caballería Mecanizado “Tnte. Hugo Ortiz”, había hecho, entre otras, las siguientes declaraciones a la prensa: “No entiendo cuán conveniente es que un desalmado delincuente como Briones se encuentre refugiado en los predios universitarios, distribuyendo terror mediante sus actividades nefastas, encuadradas en la extorsión, el robo, las violaciones, el chantaje, el asesinato… Estamos seguros de que todos los alimentos que pueda distribuir, todas las “buenas” acciones que intenta efectuar, no podrán pagar ni uno solo de los crímenes que ha cometido y que dejaron en la orfandad a decenas de niños.. El llamado lo hago para destruir el sistema de degradación moral que alrededor del delincuente se ha formado.’ Gutiérrez había puesto la mira en los crímenes cometidos por seudo dirigentes universitarios y Briones lo había acusado de no respetar su condición de ex soldado y sargento en reserva. El teniente coronel estaba furioso. Entonces, las cosas empeoraron. Cinco días después de que Gutiérrez hablara públicamente, la ciudad presenció una marcha multitudinaria a favor de la Universidad y por primera vez, se escuchó el grito, “Macario, amigo, el pueblo esta contigo!” Briones era un problema oficial, una amenaza incipiente, había pasado de simple matón a líder de comunidades marginales. El peligro recién empezaba.

Macario Briones entró a la universidad en 1977 para formar parte de una fuerza de choque, es decir, para guardar las espaldas de quienes optaban por la dirigencia de la FEUE (Federación Ecuatoriana de Estudiantes Universitarios) filial Manabí, A finales de aquel año, asesinaron a Jorge Jalil Ballesteros, quien ocupaba la presidencia de la Federación y buscaba la reelección. El crimen nunca fue esclarecido. Las balaceras entre los bandos políticamente contrarios, que irónicamente eran el MDU (Movimiento Democrático Universitario) y el MDUI (agréguese Independiente) se daban a diario y la inestabilidad era la regla. Sin embargo, no había rostros ni manos empuñando el cañón, hasta que un hecho lo cambió todo. Al año siguiente, a plena luz del día, dentro de la Universidad y ante la mirada de varios testigos, Briones hizo fuego contra quien fuera uno de sus cuñados. Macario sabía que ese hombre era un marido infiel y abusivo que golpeaba a su hermana. Ese arranque de rabia lo signó como tipo duro. Seguramente las circunstancias provocaron conclusiones apresuradas y equivocadas, pero la primera impresión es la que cuenta. Briones subió un peldaño en la escala, un peldaño que de otra manera le habría tomado años, y el rumor se esparció: cuidado, al recién llegado no le tiembla la mano.

En este punto Don Maca tiene una epifanía, una extensión del olfato. Se da cuenta de que lo habían llevado como empleado y de que sus empleadores le estaban escondiendo gran parte del botín que él les estaba ayudando a conseguir. Aquí la historia se bifurca, crece el mito y la verdad se convierte en una serie de posibilidades.

La universidad era autónoma, impenetrable, el escondite perfecto. Macario la transformó en su fortín, hizo lo correcto según sus propósitos y se protegió de la mejor manera que pudo. Con esto empezaron las acusaciones. En teoría, Briones enlistó a un pequeño séquito armado, como si se tratase de estudiantes comunes y corrientes; estudiantes que, obviamente, nunca iban a clases y nunca recibían amonestaciones por sus faltas, En teoría, El Profe empezó a vender protección, primero a los profesores, luego a las autoridades y finalmente a civiles que nada tenían que ver con el ambiente universitario. Don Maca empezó a cobrar por ser Don Maca. Además, se juntó con los débiles. Por ejemplo, si veía que un estudiante ignoraba aun niño que vendía helados, le sugería amablemente que le comprara todos, y digamos que el estudiante consideraba prudente acatar la sugerencia al pie de la letra, Por ejemplo, su mandadero personal era un vendedor de naranjas que, a cambio de que Macario comprase la canasta entera, aceptaba caminar unas cuadras y traerle botellas de agua con gas. Ese también era Briones, el mismo Briones que luego reconoció tener una banda de robacarros que escondía los autos en los patios de la Universidad; el mismo Briones que tenía como mano derecha a otro de los más oscuros personajes de la historia manabita: Ángel “Cartucho” García.

García era acaso más temperamental y violento que el mismo Macario. De hecho fue Don Maca quien, tras años de tenerlo como primer oficial, lo expulsó de Portoviejo. Al parecer, García no estaba del todo contento con su rango y se le iba la mano constantemente, Después de todo, vivían encerrados la mayor parte del tiempo y se distraían usando drogas, alcohol y mujeres. Una versión es que la separación se dio cuando García quiso ejecutar planes de secuestro, que Briones se negó a poner en marcha. Otra, que García violó a una de las amigas de Don Maca. Lo cierto es que Cartucho se refugió en Manta y cometió el error de hacerse famoso.

En una carta dirigida al director de Radio Cristal, Aunando Romero Rodas, hizo una confesión que lo enterró: “Sí maté al periodista Héctor Toscano. Lo hice porque yo se lo advertí. Le dije que no se metiera conmigo, publicando lo que él no había comprobado (…) me dijo que él no me tenía miedo y ya ven lo que pasó: se fue a hacerle reportajes a Don Sata”. Toscano era uno de los pocos reporteros que lo señalaba con nombre y apellido. En la misma carta, García acusa a Briones de criminal, de violador, de drogadicto y de recibir cheques del entonces rector de la UTM; llega a decir: “Ahora quiere lavarse las manos pues sabe que la justicia tiene puestos los ojos en mi persona, quiere tirarme todos los muertos a mi”. Y Briones, en una movida inteligente aunque algo ingenua, responde sin ponerse a su nivel: “Me llaman el maestro de Cartucho (…) trató que lo acompañara en sus andanzas, pero eso era imposible (…) yo personalmente lo boté, no se lo mandé a decir con nadie (…) si fuera hombre de verdad allí mismo hubiera actuado, pero no lo hizo, porque sabe la rapidez de mi mano (…) Mi pasado quedó atrás hace mucho tiempo(…) quiero demostrarle a mis familiares que estoy dedicado a realizar buenas acciones a favor de los pobres, de los campesinos, de los niños que fueron como yo, y que por algún error pueden verse envueltos en la vida delictiva”. Cartucho murió abaleado en un operativo policial el mismo día en que apareció la carta de Macario, el 14 de enero de 1984. Dormía desnudo, la casa era de una planta y estaba ubicada en el sitio El Arroyo, a ocho kilómetros del puerto, en la carretera que conduce hacia Portoviejo. Acababa de hacer el amor con una mujer llamada Aracelly.

En la campaña por limpiar su nombre, Don Maca hizo mención sobre su infancia a los medios de comunicación. “Según sus propias expresiones, fue producto de utia niñez llena de pobreza e incomprensiones. Reconoció que encontró en el delito una manera de vivir y de sobrevivir luego” (Diario Manabita 12/02/85). Sus vecinos de la época lo comparan con “Daniel el travieso”, dicen que siempre era el cabecilla de las travesuras y que jugaba muy bien al fútbol, ciertamente era de origen humilde, oriundo de la capital de los manabitas, pasó sus primeros años en el barrio San Pablo (hasta hoy la jurisdicción más polémica de Portoviejo), su padre trabajaba en el campo y no lo dejaba dormir en la casa si no aparecía antes de las nueve de la noche (el chico dormía en el auto de los Hernández, los vecinos de enfrente). En la adolescencia se le acusó de un homicidio, que sigue en el misterio. Partió para el Guayas y tras varios ‘actos de supervivencia” en la vida delictiva, cayó en la Penitenciaría del Litoral. Pero no estuvo encerrado mucho tiempo, logró fugarse y, esto es tal cual cuenta la leyenda, mientras se escapaba recibió un balazo en uno de sus glúteos. Se las arregló para esconderse de los vigilantes y fue rescatado por una familia de una comunidad rural, Ellos lo curaron, le dieron techo, pan, y Macario les devolvió e) favor enseñando a leer a los niños del poblado; de ahí, según la tradición oral, viene el apodo de El Profe.

La duda se mantiene. En el presente, por lo menos en Portoviejo, Don Maca es uno de esos temas que no se tocan, sobre todo en la mesa. Es un fantasma con el que todos estuvieron conectados de alguna forma, eso que preferimos no recordar. Lo más fácil, siempre, es atacar. Y quienes lo embisten no guardan reparo al asegurar que durante mucho tiempo vivió de la Universidad, de la extorsión, del miedo, del tráfico y del consumo de drogas. Tal vez esto no haga falta. El Profe nunca negó sus malos pasos, pero, pensándolo dos veces, tampoco tos describió con exactitud. Dicen que una noche fue a ver al cantante Coco (Cuco) Valoy y que cuando éste se negó a repetir la canción “Juliana” armó relajo y acabó secuestrando a un policía al que torturó hasta la muerte, Dicen que hay cuerpos entenados en la UTM y que por las noches se escuchan cosas raras. Nada de esto fue asumido por Briones. Pero él descubrió algo importante: la guerra estaba tan avanzada que de nada servía disparar más cañones. Intentó integrarse a la sociedad con sus obras de caridad, y se dice que esas jornadas de buena voluntad fueron patrocinadas por la amenaza, que bastaba con que él enviara una lista de lo que quería acompañada de su cédula de identidad y una bala. Macario pudo haber pensado que con el tiempo, y con el apoyo de la gente a la que ayudaba, podría conseguir la absolución de la historia. Macario pudo haber pensado que el verdadero poder y el verdadero dinero estaban en la política y que para eso tenía que colgar los guantes y afilar los dientes. Macario Briones Menéndez pensó, pero demasiado tarde.

La bala con que mataron a El Profe era una dum-dum calibre 38. Esta raza de proyectil tiene una pequeña perforación en la cresta, o sea que cuando impacta no se va de largo, se queda y te revienta los cogollos. La autopsia estableció que la munición penetró por la cara anterior del esternón, en el tercio medio, lesionándole la aurícula derecha y saliéndole por la aurícula izquierda. La dumu-dum también penetró por la cara interna del lóbulo superior del pulmón izquierdo, saliendo por el tercio inferior del mismo lóbulo. Quien hizo el disparo era, o es todavía, un profesional. Macario Briones tenía cuarenta años, pelo castaño, media uno setenta y cinco, usaba barba y bigote, pero cambiaba de estilo con frecuencia, por motivos de seguridad.

Por Juan Fernando Andrade

Reproducido de Revista Mundo Diners, Mayo de 2007. Pag. 43-46.

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